El Cuartel, el 4F y Chávez

Caracas (PL) Dejando atrás los edificios de Caracas, el tráfico, las motos y el bullicio, se alza solemne el Cuartel de la Montaña. La fortificación está sobre la meseta de la Planicie con vistas al barrio 23 de Enero, uno de los más humildes de la capital.
Ahí descansan los restos del líder de la revolución venezolana Hugo Chávez, donde se inició en la vida militar y desde donde dirigió los sucesos del 3 y el 4 de febrero de 1992, que lo consagraron en la historia latinoamericana.
En tal fecha, un grupo de militares protagonizaron una rebelión contra Carlos Andrés Pérez. Aunque el alzamiento fracasó, el entonces joven soldado se dirigió al pueblo mediante la televisión y prometió: “Vendrán nuevas situaciones. El país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un camino mejor”.
Cada día van cientos de personas a visitarlo, desde cualquier latitud, con o sin dinero en sus bolsillos; todos pasan y tocan su lecho marmolado, rodeado de flores y bajo la vista del Libertador Simón Bolívar.
Muchos dicen que tocar el féretro es ya una tradición; que todavía el Comandante le transmite fuerzas a su gente, y por eso posan las manos sobre la tumba, aferrándose tal vez, saludándolo o intentando aceptar el adiós, que todavía duele.
En los alrededores de la fortaleza hay varios espacios conmemorativos de su legado, como un monte con las banderas de los gobiernos latinoamericanos y la explanada con el cañón que cada día dispara una bala de salva en su memoria.
Dicha ceremonia tiene lugar a las 4:25 de la tarde, hora en que Chávez pasó a la eternidad el 5 de marzo de 2013, y el disparo siempre apunta al Balcón del Pueblo, en el Palacio de Miraflores, donde habló y celebró sus victorias junto a los venezolanos.
* Corresponsal de Prensa Latina en Venezuela.
Em/bhq/ba