Puente de Brooklyn, ícono de Nueva York

Nueva York (PL) Como uno de los símbolos más recurrentes de Nueva York y lugar recomendado para visitar durante cualquier estancia en la urbe más poblada de Estados Unidos, se encuentra el Puente de Brooklyn.
Un paseo por la obra, que tiene mil 825 metros de distancia y cuya construcción duró del 2 de enero de 1870 al 24 de mayo de 1883, deja siempre gratos recuerdos.
Durante casi una hora de caminata, el viajero escucha diversos idiomas, toma decenas de fotografías, guarda otras instantáneas en su memoria, y lee el juramento de amor entre Ronni y John en uno de los tantos candados que cuelgan alrededor.
Al mismo tiempo, siente el ir y venir de los automóviles en el carril que está debajo del destinado a los peatones y ciclistas, e imagina los esfuerzos para edificar esta creación de acero, piedra caliza, granito, cemento y madera sobre el río Este.
Según referencias históricas, durante la construcción de la obra, que originalmente y hasta 1915 se llamó Puente de Nueva York y Brooklyn, murieron 27 obreros, 20 de ellos por tétanos, la misma enfermedad que acabó con la vida del ingeniero John Augustus Roebling.
Dicho profesional fue el principal promotor de la infraestructura y, tras el deceso, su hijo Washington se encargó de continuar el proyecto pese a padecer el síndrome de descomprensión por su trabajo en los pozos de cimentación.
Emily Warren, la esposa de Washington, se convirtió entonces en ayudante, aprendió ingeniería y comunicó las instrucciones de su marido a los trabajadores sobre el terreno.
Cuando la obra de estilo arquitectónico neogótico y con sus característicos arcos apuntados en las dos torres laterales se abrió al público, ella fue la primera persona en cruzarla.
Aquel día inaugural transitaron por allí más de mil 800 vehículos y 150 mil seres humanos, quienes admiraron el puente colgante más largo del mundo, una condición que ostentó durante dos décadas.
* Corresponsales de Prensa Latina en Estados Unidos.
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