Viaje a Provins, salir de París y llegar al Medioevo

París (PL) A veces viajar en el tiempo puede demorar muy poco, apenas un rato para ir varios siglos atrás. Quizás una hora y media, justo el tiempo que tarda el tren desde París a la ciudad francesa de Provins.
Esa comuna de algo más de 12 mil habitantes preserva una ciudad medieval declarada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en 2001, sitio que atrae cada año a miles de turistas, y en cuya conservación la población local desempeña un papel indispensable.
Una amplia red de fortificaciones medievales hace de Provins, y sobre todo de la parte alta de la ciudad, un lugar que parece detenido en el tiempo: en concreto, se trata de mil 200 metros de longitud de edificaciones con 22 torres, construidas entre 1226 y 1314.
En el panorama urbanístico destacan sitios como la torre César, la iglesia de la Santa Cruz, o los pasadizos subterráneos que inspiraron una descripción exhaustiva del intelectual italiano Umberto Eco, incluida en su novela El Péndulo de Foucault.
Pero más allá de las grandes edificaciones, el espíritu medieval se mantiene en cada rincón de Provins: en las calles estrechas y empedradas, en las plazas coronadas por una cruz, en las casas con el entramado de madera o hechas de rocas, en los techos enmohecidos, en los canales vetustos donde a veces aparecen algunos patos.
A lo largo del año, el tema medieval protagoniza numerosas festividades locales y gracias a ello mantienen vivos elementos tradicionales como la confección de armaduras, espadas y escudos; la costumbre de vestir a la usanza medieval, o la interpretación de música antigua con instrumentos que datan de aquella época.
Una de esas festividades es el Mercado de Navidad, en el cual los habitantes locales se movilizan para recrear una verdadera ciudad medieval.
En ella los visitantes son testigos de escenas solo vistas anteriormente en películas o libros: los caballeros templarios paseando en las callejuelas, un herrero y un carpintero que trabajan en talleres totalmente rudimentarios, las hogueras dispuestas por todos lados para calentar el vino o la sopa.
El mercado es, además, una oportunidad para los descubrimientos, que van desde aprender a tirar con arco y flecha hasta divertirse con los antiguos juegos de madera, desde presenciar procesiones religiosas hasta bailar al ritmo de una música medieval.
* Corresponsal de Prensa Latina en Francia.
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