Catedral de Hanoi, parada religiosa y turística

Algunos dicen que la Catedral de Hanoi remeda a la Notre Dame de París, pero en realidad su empaque responde más bien a la de Saigón, la populosa urbe del sur de Vietnam que ahora se llama Ciudad Ho Chi Minh.
Cierto que el Neogótico francés deja una huella visible en los exteriores e interiores del edificio, pues hasta los vitrales que lo esclarecen fueron traídos desde la Ciudad Luz a este Hanoi cuyo casco histórico también está marcado por la arquitectura de la potencia que colonizó al país.
De hecho, la Catedral de Hanoi fue construida, allá por 1886, junto y casi encima de una pagoda, la de Bao Thien, que ocupaba ese lugar desde hacía más de 800 años.
Con 64,5 metros de largo y 20,5 de ancho, junto a sus campanarios de 31,5 metros de altura, la estructura del templo sigue los patrones de la Europa medieval, pero los pasillos, los muros y el altar están decorados con elementos típicos vietnamitas.
También llamada de San José por estar consagrada a ese, el santo patrón de Vietnam, la catedral es sede de la arquidiócesis de Hanoi y oficia misa todos los días.
En Vietnam, donde el budismo es profesado por casi el 80 por ciento de la población, la libertad de religión y cultos es un derecho garantizado por la Constitución. Pero las fechas en que la catedral se queda pequeña son por los días cercanos a la Navidad y el 19 de marzo, Día de San José.
Son jornadas en que los católicos concurren por miles, pero también los turistas extranjeros porque -valores religiosos y espirituales aparte- este es también un lugar de alto valor histórico y cultural. Y tampoco faltan parejas de recién casados que se toman fotos frente a la añeja fechada.
La catedral se alza en el centro de Hanoi, muy cerca del casco histórico de la ciudad y del siempre concurrido lago Hoan Kiem.
En las estrechas calles que conducen a ella se apiña toda una procesión de hoteles, restaurantes, cafetines y tiendas de artesanías donde el visitante lo mismo puede adquirir imágenes religiosas que un sombrero cónico.
O tomarse un jugo de frutas, un té o un café que le inyecten nuevas energías para proseguir un recorrido que aún le deparará nuevas sorpresas.
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