El Malecón de La Habana, en soledad ante Covid-19

La Habana, (Prensa Latina) ¿Qué sería de La Habana sin Malecón?
Espacio emblemático que convoca a la concurrencia espontánea, de forma cotidiana, de músicos, poetas, enamorados, pescadores, amigos y hasta practicantes de jogging, el Malecón es arista intrínseca de La Habana.
Ahora, sin embargo, está vacío, desolado (....) por culpa del maldito nuevo coronavirus.
Fundada en 1515 pero con asiento definitivo en su ubicación actual en 1519, la última de las siete villas que debe su origen al conquistador español Diego Velázquez fue bautizada como San Cristóbal de La Habana, en honor al vocablo indígena Habana, con el cual los lugareños conocían esas tierras.
Sentados en sus muros o en agradables paseos por el Malecón, el mar es el mayor cómplice de la ciudad.
Con una extensión de ocho kilómetros, el Malecón atesora un cofre de recuerdos, anécdotas e historias personales, de familias, turísticas, románticas, dramáticas y culturales.
Concebido entre finales del siglo XIX y primera mitad del XX, el Malecón habanero aguarda ansioso por la recuperación de la ciudad frente a la pandemia del SARS Cov-2 que provoca la Covid-19 y el retorno a la normalidad.
Los asomos de intensos rayos de sol con el establecimiento del verano en pocos días, reiteran la añoranza. Por ahora el mar, como siempre mudo testigo,
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