Los bebés gigantes del orfanato de Pinnawela

Son criaturitas un poco particulares: pesan unos 100 kilos al nacer; al mes ya se tragan de un tirón media docena de botellas de leche; hacia el medio año lo mismo digieren una planta espinosa que un fibroso tronco de cocotero...
Eso, sí, como cualquier otro animalito, en sus primeros meses de vida difícilmente pueden arreglárselas sin una madre. Aunque sea adoptiva.
Por eso, y porque los mil peligros de la selva o el salvajismo de los hombres los priva del apoyo materno, los elefantitos huérfanos de Sri Lanka fueron dotados de un refugio donde reciben todo clase de atenciones hasta que pueden valerse por sí mismos.
El orfanato de elefantes de Pinnawela radica casi en el centro de la isla y es el primero y único de su tipo en el mundo. Las guías turísticas internacionales lo señalan como un lugar de muy recomendable visita porque también reúne al mayor grupo de elefantes en cautiverio de todo el planeta.
Pero no todos los 84 huéspedes de este singular albergue son “bebitos”. Casi la tercera parte son adultos que sufrieron accidentes, fueron atacados por los contrabandistas de marfil, o quedaron mutilados por una mina durante una guerra interna de casi 30 años.
Los cientos de turistas que recalan aquí cada día tienen oportunidad de interactuar con los elefantes. El que no disfruta de la posibilidad de dar un biberón a los más pequeños, pasa su mano por la áspera piel de los adultos o se toma una foto de paquidérmico recuerdo.
Pero nadie se va de Pinnawela sin algo que contar.
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